sábado, 19 de enero de 2008

LAS VALQUIRIAS



Cesa genio mío! Oigo una voz
Que viene de los reinos donde se regocijan las almas marciales:
Oigo a las hijas de la carnicer
ía
Que me llaman al palacio de Odin:
Sentado en su morada bendita,
Pronto beber
á la bebida de los dioses.
Las horas de la vida han transcurrido,
Caigo, pero morir
é sonriendo.
-Regner Lodbrok, el Krakumal.

Como Dios de la guerra, Odin envía a sus hijas a escoger a los héroes caídos. Se las llama Valquirias, ellas sirven en el Valhalla sirviendo la bebida a los Einherjars. Odin las envía a los campos de batalla para que elijan a los que serán matados. La Edda Mayor nombra a doce valkyrias y todas se ocupan de cosas de la guerra.

El Dios Tyr envió
A Gondul y a Skogul (Valquirias)
Para escoger un rey
De la raza de Ingve,
Para que morara con Odin
En el vasto Valhalla.

Tras haber descripto la batalla, el skalde continua:

Entonces! Gondul
Indicando el horizonte con su lanza
Dijo a su hermana:
Pronto aumentara
La falange de los Dioses;
A la fiesta de Odin
Hakon esta invitado.

El rey vio a
Las bellas v
írgenes
Sentadas sobre sus caballos
Con sus brillantes armaduras,
Sus escudos delante de ellas,
Solemnemente pensativas.

El rey oy
ó
Las palabras de sus labios,
Las vio hacer la se
ñal
Con sus p
álidas manos,
Y les hablo as
í:
Poderosas diosas,
Acaso no merecer
íamos
Que nos hubierais escogido
Una suerte mejor?

Skogul respondio:
Tus enemigos han ca
ído,
Tu pais es libre,
Tu renombre es puro;
Ahora debemos cabalgar
Hacia mundos m
ás verdes
Para decir a Odin
Que viene Hakon.

Asi se expresa la Vieja Edda en la profesia de la Vala:

Vio unas Valquirias
Que hab
ían viajado mucho:
Estaban preparadas
Para cabalgar hacia Godthjod.
Skuld llevaba al ni
ño,
Skogul la segu
nda,
Hild acompa
ñaba a Gondul
Y a Geirskogul.
Ahora ya he nombrado
A todas las Valquirias.
Las hijas de Herjan estaban preparadas
Para cabalgar sobre la tierra.

Al igual que las Amazonas en la mitología griega i las Valquirias (en alemán antiguo Walkyrien) son las amazonas de la mitología escandinava. Estas mujeres virginales, hermosas y fuertes eran las encargadas de cabalgar a lomos de sus caballos sobre los campos de batalla para determinar la victoria en la guerra y recoger a los muertos para llevarlos al Vahalla. En alemán valquiria significa de forma literal la que elige a los caídos. Otra de sus cualidades era la posibilidad de sanar cualquier herida.

Las Valquirias, las v�rgenes guerreras enviadas por Od�n a rescatar a los ca�dos en batalla para conducirlos al Valhalla.

El Valhalla o Palacio de Odín era el cielo de los guerreros nórdicos donde los muertos esperaban la batalla final mientras comían, bebían y luchaban. Este palacio dorado tenía los techos cubiertos con escudos, una estructura de lanzas y 540 puertas por las que los guerreros podrían salir y desfilar hacia la Gran Batalla Final. Las Valquirias, hijas de Odín (equivalente a Zeus) eran las encargadas de servir cerveza e hidromiel a los guerreros caídos mientras esperaban para volver a luchar.

Para cualquier guerrero morir no suponía una desgracia sino una dicha por ser llevado al Valhalla.

Ser guerrero y morir de viejo o por una enfermedad era considerado como algo indigno e incluso motivo de verguenza para ellos y su familia.

La más famosa Valquiria fue Brunilda por ser la reina, poseer una fuerza superior a la de una docena de hombres y sobretodo por su protagonismo en la obra de Wagner El anillo de los Nibelungos. Otras Valquirias importantes en las leyendas son Mista, Rista, Hilda, Thruda, Hlók, Herfjotern, Ragyd, Gud, Skogul y Hrund cada una con sus atributos y sus cualidades. La más bella de entre las Valquirias era Hnos.

Las Valquirias eran mujeres sobrenaturales que tenían varias misiones: vivían con Odín en el palacio dorado de Valhalla, donde servían cerveza a las sombras de los guerreros muertos; también entraban en la batalla sobres sus caballos, con armaduras y con lanzas, y asignaban la victoria y la derrota - "valquiria" significa literamente "la que elige a los caídos" - Dos Valquirias, Gunn y Rota, elegían a los hombres para la muerte, acompañadas por Skuld (necesidad), la más jóven de las Nornas, una de las Tres Parcas que conforman las vidas de los hombres.

Las Valquirias pudieron haber tenido relaciones especiales con los guerreros llamados berserkirberserkir, tenían muchas probabilidades de morir en la batalla y por lo tanto ganarse un lugar en el Valhalla, donde pasaban el tiempo luchando y bebiendo. quienes inspirados por la furia de Odín en las batallas, se despojaban de sus armaduras para luchar con fuerza sobrenatural. Ciertamente, los

El Valhalla se representaba como un enorme palacio dorado, con techo de escudos, una estructura de lanzas y 540 puertas, por cada una de las cuales, podían desfilar en columnas hacia la batalla final de Ragnork.

Las valquirias, deidades del panteón nórdico, son conocidas como las amazonas de la tradición escandinava. Así, comparten con las griegas dos de sus atributos principales: su dedicación al arte de la guerra y su virginidad. Sin embargo, las valquirias han sufrido más profundamente la herida del patriarcado, de manera que su fuerza ha ido disminuyendo a través de los diferentes relatos míticos, que han sustituido sus atributos más poderosos por otros más apropiados para una figura decorativa como es, en esta y otras tradiciones, la mujer.

Desde el punto de vista arquetípico, las valquirias son una de las múltiples representaciones de la deidad femenina dadora de vida y muerte. Simbólicamente, estas dos realidades son las dos caras de una misma moneda, de manera que, revolviendo entre las cenizas del matriarcado, podemos encontrar diosas que encarnan el poder de otorgar ambas: en el caso de las guerreras nórdicas, su función consistía en decidir sobre quién debía morir y quién debía permanecer con vida.

La misma palabra “valquiria”, en alemán antiguo, significa ‘la que elige a los caídos’: en el fragor de la batalla, cuando un guerrero veía aparecer a una valquiria, sabía que su hora había llegado, ya que sólo aquellos destinados a morir podían ver a estas divinidades. Además de decidir sobre los caídos, las valquirias, militares expertas, dirigían los ejércitos e infundían a determinados guerreros (los berserkir) un furor divino que los hacía prácticamente invencibles, otorgándoles con ello el favor de la victoria. No en vano algunos de sus nombres (Hildr, Skuld, Gunnr, etc.) son compuestos de “batalla”, “combate”, “espada”, “furor”, “bravura”, etc.

Sin embargo, parece que la idea de que las campañas militares de los pueblos escandinavos estuvieran en manos de una diosas tan mortales como las mujeres no resultaba precisamente apropiado para una sociedad bélica donde ellas formaban parte del botín: a este respecto, es necesario recordar que los diversos pueblos germanos mantuvieron la poligamia incluso durante la Alta Edad Media, cuando la mayoría se había convertido ya al cristianismo.

Es aquí donde comienza el desarme de las valquirias.

En primer lugar, se despoja a estas divinidades de su poder de decisión: hijas de Odín, se convierten en meras ejecutoras de su voluntad. De soberanas pasan a ser simples esbirras, que otorgan victoria o derrota no en virtud de su poder arquetípico propio, sino de las alianzas de los hombres con el dios.

En segundo lugar, se diluye su función guerrera para recluirlas en el harén del que el patriarcado nunca tuvo la intención de dejarlas salir. Así, tras aparecerse a los guerreros señalados, las valquirias estaban encargadas de transportarlos al Valhalla, un palacio dorado donde iban los héroes que morían en la batalla. Y es que, para los pueblos nórdicos, morir en combate era un honor tal que hasta los propios dioses podían participar de él, ya que eran mortales. De esta manera, una vez que llegaban al Valhalla, los guerreros eran agasajados por las valquirias, que dejaban de tener el poder de conducir sus destinos para pasar a dispensar hidromiel: de guerreras a putas, la maniobra queda clara.

No obstante, en el núcleo inicial del mito de las valquirias es posible rastrear la libertad y la fuerza de las que estas divinidades eran símbolo, libertad y fuerza que han inspirado el inconsciente colectivo femenino durante siglos, y que pueden seguir inspirándonos todavía hoy.

La clave de estos dos poderes reside en la virginidad de las valquirias. Y es que, durante la mayor parte de la Historia, la única manera que las mujeres hemos tenido de alcanzar la soberanía sobre nuestros cuerpos ha sido, es, y tal vez será permanecer fuera del alcance sexual de los hombres. Por mucho que se empeñe la supuesta revolución sexual del siglo pasado, el coito heterosexual ha sido el instrumento de dominación del patriarcado por excelencia: a través del coito heterosexual se recordaba a la mujer su posición de subordinada, recluyéndola en las funciones reproductoras que, mal que les pese a algunos, son quizá las únicas que no nos han podido arrebatar. Por eso, la mayor parte de las divinidades fuertes y soberanas han sido siempre mujeres vírgenes.

Otro de los aspectos poderosos del símbolo es su sentido de comunidad. Las valquirias, como muchas otras deidades femeninas, son un colectivo de mujeres que actúan en conjunto y se benefician mutuamente. A pesar de tener una líder, en este caso la diosa Freya, se reparten el poder sin que este recaiga en una sola de ellas, algo que no suele ocurrir en el caso de los dioses. Sin salir de esta tradición, es posible nombrar a varios dioses individuales (Odín, Thor, Loki…), pero no encontramos un conjunto de dioses tan homogéneo como el de las valquirias.

Para terminar, es interesante señalar que las valquirias eran consideradas las diosas más bellas de todo el panteón. Como prueba de ello, en algunos relatos se les reconoce la capacidad de transformarse en cisnes, un poderoso símbolo de belleza y majestuosidad. Esta cualidad redunda en la importancia de su soberanía, ya que las valquirias habrían permanecido vírgenes, en un principio, a pesar de la codicia de los hombres. No obstante, la tradición termina entregándolas a varios guerreros, entre ellos un héroe de la talla de Sigfrido.

Las deidades femeninas, poderosas y ultrajadas al mismo tiempo, son arquetipos actuantes en nuestro inconsciente; por eso creo que las mujeres debemos conocerlas y reinterpretarlas a nuestro favor.

1 comentario:

Telvia Ruth dijo...

Muy interesante la informaciòn encontrada, en realidad todas las mujeres llevamos una walkiria dentro o lo somos, ya que en nuetros diferentes roles, aveces actuamos de jueces o somos enjuiciadas en otros ecenarios, en casa, en el trabajo en la calle etc. Gracias por este espacio.